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El nacimiento de una voz

Símbolo. Identidad. Cultura. Compromiso. País. Diciembre de 1901. Barrio barcelonés de Sants. Se constituye la asamblea que acordó crear el Orfeó de Sants. La génesis: los cursos gratuitos de formación musical impartidos por quienes se convertirían, prácticamente sin saberlo, en fundadores de una de las entidades más activas y reconocidas del ámbito cultural catalán.

De entre los artífices: el maestro Estanislau Mateu, que tomó el relevo iniciado en el año 1899 por los asistentes al concierto celebrado por otra de las entidades clave para entender el desarrollo del tejido cultural barcelonés: el Orfeó Català. Esta última formación actuó en el local que la Agrupació Catalanista Els Segadors tenía en el antiguo pueblo de Sants, que apenas se acababa de anexionar en Barcelona; se gestaba, así, lo que más tarde se traduciría en la semilla del Orfeó de Sants.

Sobre el cómo y el cuándo de la creación del Orfeó de Sants hay que recuperar algunas fechas importantes; 3 de diciembre de 1899: concierto del Orfeó Català. 8 de diciembre de 1900: buena parte de los melómanos que asistieron al concierto ya mencionado, enviarán una circular a los habitantes de la zona para sondear la posibilidad de crear una formación coral. 7 de enero de 1901: comienzan las clases de música gratuitas que servirán de preparación para los futuros cantores del Orfeó. Buena parte de ellos vivía y trabajaba en el barrio de Sants.

Sobre el contexto: los orígenes de movimiento coral catalán

La génesis y creación del Orfeó de Sants se enmarca en el propio proceso de nacimiento de un auténtico movimiento cultural e identitario iniciado a partir de la segunda mitad del siglo XIX y articulado en torno al movimiento coral.

En un contexto progresivamente más industrializado, la ciudadanía, fundamentalmente obrera, se nutría y desarrollaba cultural y lúdicamente al amparo de iniciativas como los Cors de Clavé, sólo para hombres, de influencia claramente instructiva, moralizante, y, a la vez, reivindicativa. Mientras todo eso pasaba, en el ámbito español y europeo, el movimiento coral sufría un desarrollo de carácter unitario, incluso homogeneizador. Por contra, el modelo catalán apuntaba -y consolidaba- una característica propia: la defensa de la lengua catalana, hecho que se tradujo no sólo en la incorporación de diversas obras del cancionero popular catalán al repertorio de las diversas formaciones corales sino en la conversión de la lengua en una auténtica herramienta de y para el conocimiento y la comunicación, oral y escrita.

El Orfeó, por lo tanto, como concepto, es deudor e hijo de una época: la iniciada el año 1833 con la célebre Oda a la Pàtria de Aribau. Es la búsqueda de referentes en la Reinaxença lo que explica el fuerte arraigo y la vitalidad de los orfeones, en general, y del Orfeó de Sants, en particular.

De los inicios a la permanencia: la adaptación a un contexto convulso

Desaparecida la industria y menguados los oficios, la amalgama social -y, en consecuencia, cultural- sigue inspirándose en el espíritu y talante de los fundadores del Orfeó.

Sólo un único paréntesis obligado ante la dureza del contexto que es, fundamentalmente, la crueldad de la Guerra Civil -el que irá del 1937 al 1940- pararía el goteo constante de actuaciones, de vivencias, de trabajo... La ocupación del local de ensayo por parte de grupos radicales comportó pérdidas irreparables, incalculables incluso, en lo concerniente a la documentación y al mobiliario de la entidad. Pero nada se borró. Nada, cuando menos, de lo que fue y es aún definitorio, de lo que es esencial.

En este sentido, resulta básica la publicación periódica de un boletín mensual que glosaba no únicamente la actividad de la entidad desde 1920 hasta 1937 -período durante el que se editó- sino que también interaccionaba y se completaba con las informaciones aparecidas en otras publicaciones, de modo que recoge testigos particulares y valiosos que nos ayudan a perfilar la verdadera historia de la entidad, del barrio y de la Barcelona de una época de ebullición.

Llegados a este punto, hay que destacar la reanudación de actividades que significó, entrada la década de los cuarenta -siglo XX-, la implicación con el Orfeón de Sants por parte de Assumpció Munné, mujer de aspecto débil pero de una fortaleza inusual. Es, por lo tanto, la fuerza de los testigos, de las personas, de las voces individuales y colectivas, lo que hará crecer la entidad.

Los nombres propios

Del impulso y la fuerza de la batuta inicial, la de Estanislau Mateu, el Orfeó ha retenido los mejores momentos. Después llegaron personas que el tiempo ha evidenciado como relevos excelentes: Llorenç Carbonell, Manuel Bosser, Normand Soler y, especialmente importante, Antoni Pérez Moya, quien dirigió la Agrupación Coral creada al en torno al Orfeó de Sants del 1926 al 1958. Es a Pérez Moya a quien hay que atribuir la etapa de mayor cohesión de los cantores, acompañados de la implicación directa de todos ellos con un proyecto que iba mucho más allá de la actividad artística. Más tarde vinieron Elisard Sala, Enric Ribó y Montserrat Tous, actual directora del conjunto.

 
 

La entidad, con más de un siglo de historia, ha superado los efectos de dos guerras mundiales, una civil y dos dictaduras

 
 
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